domingo, 29 de junio de 2014

¿Te puedo dar un beso?

Así comenzaba una nota de prensa, en un diario nacional, cuyo enlace es el siguiente:

http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2014/06/29/25860/Te-puedo-dar-un-beso-La-pregunta-que-abrio-intenso-debate.aspx


La imagen pertenece al mismo reportaje.

Tras leer la nota, me hizo recordar cosas de mi adolescencia... Eran otros tiempos - Siempre son otros tiempos - Y como todo joven de ese entonces, nuestras entretenciones eran jugar a la pelota, correr y una serie de otras cosas que los jóvenes de hoy, ni siquiera considerarían incluir entre su lista de actividades divertidas.

Pero a medida que uno avanzaba en la adolescencia, cambio de colegio incluido (de primaria o educación básica, a secundaria o enseñanza media), se iba ampliando el círculo de personas con las que uno interactuaba. No todos los compañeros y compañeras de básica pasaban a integrar el mismo curso, y esas "cara nuevas", comenzaban a despertar 'otros intereses'... Las niñas ya no eran niñas y también prestaban atención a los chicos, ya no tan chicos...

Dadas las distintas actividades del colegio (más de alguna fiesta o competencia se realizaba en este), era "LA OPORTUNIDAD" para lucirse, o lograr mayor cercanía con la persona que le removía las hormonas...

Debo reconocer que nunca fui muy hábil en reconocer esos "códigos femeninos", que indican aceptación a nuestras galanterías... Muchas veces tenía a la chica al frente y... 
Nada...: "Hola, ¿Cómo estás? 
- Bien, ¿y tú?"... 
Ese era un diálogo normal en situaciones en que perfectamente podría haber dejado de lado las palabras, y al menos, haberle tomado la mano...

Si alguna de mis 'ex' leyera esto, podría corroborar que yo preguntaba: ¿Te puedo dar un beso?... Sí, así es... Yo era de los que preguntaba... Insisto, nunca aprendí a leer esos códigos femeninos que preparaban el camino para que uno tomara la iniciativa, tomara a la chica, y le diera un intenso y sabroso beso...

Recuerdo una oportunidad en que simplemente me aproximé a un par de dulces labios, y nos dimos un beso intenso y efusivo... Ella asumió que yo entendí sus códigos (cosa que nunca pasó), y por mi parte simplemente decidí correr el riesgo y, sin palabras de por medio, la tomé y la besé...

La verdad, no me fue tan mal. Me rechazaron pocas veces... Aunque hoy me cuestionaría si accedieron por no perder la noche, o porque lo encontraron tierno y caballeroso...

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